Dulces de navidad: su historia y origen de la tradición

Dulces de navidad: su historia y origen de la tradición

La Flor de Rute

En muchas casas, la Navidad empieza de una forma muy sencilla: alguien saca la caja de mantecados, abre el primer turrón y deja una bandeja preparada «por si viene alguien». Y, aunque todos los años decimos que todavía es pronto, siempre hay quien coge el primer polvorón.

En Rute conocemos bien esa costumbre. Llevamos muchos años viendo cómo, cuando se acerca diciembre, vuelven a las mesas los sabores que nos acompañaban de pequeños: la almendra tostada, la canela, el ajonjolí o el anís.

Pero ¿desde cuándo comemos estos dulces en Navidad? ¿Por qué tantos llevan almendra? ¿Y qué diferencia hay, de verdad, entre un mantecado y un polvorón? Para responder hay que mirar bastante más atrás que a los escaparates de diciembre.

¿Por qué comemos dulces especiales en Navidad?

Durante siglos, preparar algo dulce era una ocasión especial. La miel, el azúcar, las almendras y las especias tenían un valor que hoy cuesta imaginar. No estaban presentes a diario en todas las cocinas y, por eso, muchas recetas se reservaban para fiestas, celebraciones religiosas o visitas importantes.

A esto se sumó la historia de nuestra cocina. Las tradiciones mediterráneas y la repostería de al-Ándalus dejaron una huella importante en el uso de los frutos secos, la miel y los aromas. Más adelante, los conventos, los hogares y los obradores fueron conservando y transformando aquellas preparaciones.

Conviene aclarar algo: los dulces que hoy llamamos «navideños» no nacieron todos en Navidad ni en un mismo lugar. Lo que sucedió fue que, con los años, distintas especialidades acabaron compartiendo sitio en la bandeja de diciembre. La revista Carta de España, del Ministerio de Inclusión, repasa algunos de estos dulces tradicionales y su presencia en nuestras fiestas.

De los antiguos recetarios a nuestras mesas: así fueron cambiando los dulces de Navidad

Cuando pensamos en los dulces navideños, parece que siempre han estado ahí, envueltos en su papel y esperando en una bandeja. Pero las recetas que hoy conocemos han viajado mucho, y también han cambiado.

En la Edad Media ya se preparaban elaboraciones con miel, frutos secos y especias. La cocina de al-Ándalus dejó su huella en la repostería peninsular, especialmente en la combinación de almendras con ingredientes dulces. Más adelante, hogares, conventos y obradores conservaron recetas y fueron adaptándolas a lo que ofrecía cada comarca.

¿Cuándo empezaron a llegar a tantas casas?

Entre los siglos XVI y XVII ya hay constancia de especialidades como el turrón, vinculado con fuerza al Levante español. En Andalucía, con el tiempo, fueron tomando forma las tradiciones locales de mantecados y polvorones. Eso sí, una cosa es que existiera la receta y otra que se consumiera de manera habitual en todo el país.

Durante el siglo XIX y, sobre todo, el XX, el crecimiento de los obradores, el transporte y la comercialización ayudaron a que los dulces viajaran más lejos. Lo que antes se conocía principalmente en una localidad empezó a llegar a otras mesas. Por eso hoy podemos encontrar en una misma bandeja turrones de tradición levantina, mazapanes asociados a Toledo y mantecados andaluces.

En Rute conocemos bien esa evolución: cada temporada llegan visitantes que buscan los sabores que recuerdan de casa y también quienes descubren por primera vez alguna de nuestras especialidades.

El turrón: una historia que empieza con la miel y las almendras

Hay recetas antiguas de miel con frutos secos que recuerdan al turrón, aunque sería aventurado decir que el turrón actual se inventó en una fecha o lugar exactos. Lo que sí está bien documentado es su arraigo posterior en la zona de Jijona y Alicante, donde se desarrollaron dos formas muy distintas de trabajar ingredientes parecidos.

El turrón duro deja apreciar la almendra entera y su mordida crujiente. El turrón blando, en cambio, se elabora trabajando la almendra triturada hasta conseguir una textura mucho más fina y untuosa. La diferencia está en cómo se tratan los ingredientes, no solo en cuáles se utilizan.

En nuestra casa, el turrón tiene su sitio entre las especialidades que se sacan después de comer, cuando la sobremesa empieza a alargarse.

¿Por qué seguimos comiendo turrón en Navidad?

Hay turrón durante buena parte del año, pero para muchas familias sigue teniendo un momento señalado: la primera sobremesa de diciembre en la que alguien pregunta si abrimos ya una tableta.

Durante siglos, sus ingredientes y el trabajo necesario para prepararlo hacían que fuera un producto para ocasiones especiales. La costumbre de reservarlo para las fiestas fue pasando de una generación a otra. Más adelante, la producción y la distribución ayudaron a que llegara a muchos más hogares, pero la asociación con la Navidad se mantuvo.

También es un dulce que, si se conserva adecuadamente, puede prepararse con antelación. Eso facilitaba tenerlo listo para los días de celebración, aunque no explica por sí solo toda la tradición.

Si te apetece seguir tirando del hilo, en nuestro blog contamos más sobre el origen del turrón y por qué lo comemos en Navidad.

El mantecado: cuando los obradores andaluces hicieron suya la Navidad

Para hablar de mantecados hay que venir al sur. La tradición de elaborarlos se relaciona especialmente con poblaciones andaluzas como Antequera, Estepa y nuestro pueblo, Rute. La disponibilidad de harina y grasas, junto con la experiencia de generaciones de reposteros, ayudó a consolidar recetas que acabarían viajando a hogares de toda España.

Para quien quiera profundizar en su historia, la periodista gastronómica Ana Vega explica en El Comidista cómo han evolucionado los mantecados y polvorones y qué leyendas se repiten sobre su origen. Hay muchas variedades, y ahí está parte de su encanto. Un mantecado de canela no sabe igual que uno de aceite de oliva, y el ajonjolí tostado cambia por completo el aroma del primer bocado.

En La Flor de Rute también elaboramos mantecados con aceite de oliva virgen extra de la Subbética. Es un buen ejemplo de cómo una receta tradicional puede incorporar un ingrediente muy ligado a nuestra tierra.

¿Mantecado y polvorón son lo mismo?

Se parecen, claro. Tanto que en muchas casas los nombres se mezclan. Pero cuando los pruebas uno detrás de otro, la diferencia se nota.

El polvorón suele tener una textura más seca y quebradiza, que se deshace al morderlo. En muchas de sus recetas, la almendra tostada tiene un papel destacado. El mantecado admite una variedad más amplia de texturas, ingredientes y acabados; los de ajonjolí y canela son especialmente conocidos.

¿Y eso de apretar el polvorón antes de abrirlo? Tiene su explicación. Al presionarlo un poco dentro del envoltorio, las migas se compactan y resulta más fácil comerlo sin acabar con media pieza sobre la ropa. Quizá nadie nos enseñó por qué hacerlo, pero muchos aprendimos el gesto viendo a nuestros mayores.

Un detalle del obrador: el tostado de la harina y de la almendra influye en el aroma y en la textura final. No basta con mezclar los ingredientes: la forma de trabajarlos también importa.

El significado de los polvorones y mantecados en Navidad

El envoltorio de un polvorón, el olor a canela al abrir una caja de mantecados, la costumbre de tener una bandeja preparada para las visitas… Son detalles sencillos, pero dicen mucho de cómo celebramos estas fechas.

Los mantecados y polvorones no tienen un único significado religioso documentado. Se fueron vinculando a la Navidad porque eran preparaciones propias de ocasiones especiales y porque los obradores las comercializaron durante la campaña de invierno. Con el tiempo, terminaron formando parte de nuestras costumbres familiares.

En Rute esa tradición se nota también fuera de casa. Los dulces marcan el ritmo de la temporada en los obradores y son uno de los motivos por los que tantas personas vienen a conocer nuestro pueblo.

Y si alguna vez te has preguntado por qué un polvorón se deshace con facilidad o cómo reconocer un buen punto de horneado, te lo contamos en cómo identificar un buen dulce navideño.

Alfajores: una receta que nos habla de la herencia andalusí

Si hay un dulce cuya historia nos lleva directamente a la cocina de al-Ándalus, es el alfajor. Su propio nombre está relacionado con el árabe hispánico y, en sus distintas versiones tradicionales, aparecen ingredientes como la miel, la almendra o las especias.

También hay una curiosidad que suele sorprender: el alfajor andaluz y el alfajor argentino no son el mismo tipo de dulce. En buena parte de América se conoce como alfajor a dos piezas de masa con relleno. En Andalucía encontramos especialidades de otra composición y textura, fruto de una evolución culinaria diferente.

Los alfajores de almendra de La Flor de Rute se elaboran como un praliné de almendra tostada con azúcar glas. Una forma muy nuestra de dar protagonismo a este fruto seco.

La almendra, el ingrediente que aparece una y otra vez

Turrones, mazapanes, alfajores, polvorones… La almendra está presente en buena parte de nuestra repostería navideña y hay motivos para ello. El almendro forma parte del paisaje mediterráneo, el fruto seco se conserva bien y permite muchísimas preparaciones.

Cuando la almendra se usa entera, aporta textura. Molida, ayuda a formar masas finas. Y tostada desarrolla aromas que reconocemos enseguida. Por eso dos dulces con almendra pueden saber y sentirse completamente distintos.

El mazapán es una buena muestra: en su receta tradicional bastan almendra y azúcar para formar una masa moldeable. Toledo es una de las localidades que más fama ha dado a esta especialidad, cuyo origen remoto sigue siendo discutido por los historiadores.

¿Y qué tiene Rute para ser un pueblo tan unido a los dulces de Navidad?

Aquí, cuando se habla de Navidad, es fácil que la conversación acabe en el obrador. En Rute, Córdoba, los dulces tradicionales forman parte de la actividad de muchas familias y también de la vida del pueblo durante la campaña navideña.

En La Flor de Rute seguimos trabajando especialidades que llevan años acompañando las mesas de diciembre. Nos gusta pensar en los detalles cotidianos: elegir una buena almendra, cuidar el punto de la masa, reconocer el olor de la canela cuando se está elaborando un mantecado.

Y hay otra forma de descubrir este vínculo con el dulce: visitar nuestro Museo del Azúcar, donde el azúcar también se convierte en arte. Es una visita muy diferente a abrir una caja de polvorones, pero ambas cuentan algo de la tradición que vive nuestro pueblo.

De los roscos de anís a los Ruteñitos: especialidades con acento de aquí

La Navidad en Rute tampoco se entiende solo con turrones y polvorones. Están los roscos aromatizados con anís de Rute y especialidades como los Ruteñitos, pequeños dulces de mazapán con fécula que pueden llevar rellenos de yema o batata confitada.

Son esas variedades que se descubren cuando alguien trae una caja surtida a casa y, al abrirla, cada persona va directamente a buscar su favorita.

Una pequeña guía para preparar la bandeja de Navidad

Si vas a preparar una bandeja para compartir, un consejo sencillo: combina texturas. Un turrón, un polvorón de almendra, un mantecado con canela y una especialidad con chocolate o un alfajor permiten que cada cual encuentre algo que le guste.

También merece la pena sacar cantidades pequeñas e ir reponiendo. Así los dulces se mantienen mejor presentados y se evita que una bandeja demasiado llena acabe con todo mezclado.

En los surtidos de La Flor de Rute hay precisamente esa variedad. Por ejemplo, el Estuche Sabores de Rute reúne 18 especialidades, desde roscos y mantecados hasta alfajores, Ruteñitos y dulces con chocolate.

Y algo importante si hay invitados con alergias o necesidades alimentarias: revisa siempre los ingredientes y alérgenos de cada referencia. Que dos dulces tengan un aspecto parecido no significa que compartan la misma receta.

Seis curiosidades sobre los dulces de Navidad

¿Por qué se llaman polvorones?

Por su textura quebradiza, que hace que se desmenucen fácilmente. De ahí también viene el gesto tan conocido de apretarlos un poquito antes de abrir el envoltorio.

¿Todos los mantecados llevan manteca de cerdo?

No. Existen distintas recetas y algunas utilizan otras grasas. En La Flor de Rute, por ejemplo, tenemos mantecados elaborados con aceite de oliva virgen extra de la Subbética.

¿El turrón duro y el blando llevan ingredientes diferentes?

Comparten ingredientes tradicionales, pero la gran diferencia está en cómo se trabaja la almendra: entera o en trozos en el duro, triturada y trabajada hasta conseguir una masa suave en el blando.

¿Por qué hay almendra en tantos dulces navideños?

Porque es un fruto muy ligado al Mediterráneo, se puede conservar seco y sirve para elaborar desde masas finas hasta dulces crujientes. Tostada, además, desarrolla un aroma muy característico.

¿En todas las regiones se comen los mismos dulces?

No. Los dulces de Navidad cuentan también la historia de cada lugar. Ahí están los turrones de Jijona y Alicante, los mazapanes de Toledo o los mantecados y polvorones de Andalucía.

¿Siempre se han vendido en toda España?

Las recetas tienen una historia larga, pero su comercialización a gran escala es más reciente. Los avances en transporte y distribución ayudaron a que especialidades de un pueblo pudieran llegar a hogares de otras regiones.

La historia continúa en cada mesa

Quizá lo mejor de los dulces de Navidad sea que cada familia tiene sus costumbres. Hay quien guarda los polvorones para después de cenar, quien empieza por el turrón blando y quien se reserva el alfajor favorito hasta el final.

Al final, esa mezcla de recetas antiguas, ingredientes de nuestra tierra y pequeños hábitos familiares es lo que ha mantenido viva la tradición. Desde Rute, nos gusta seguir formando parte de ella año tras año.

Si te apetece preparar tu bandeja, puedes encontrar más especialidades en nuestro Recetario Artesano y en la tienda de La Flor de Rute.

Fuentes consultadas y lecturas para saber más

Si te apetece conocer más sobre la historia de estos dulces, aquí tienes las publicaciones que hemos enlazado en el artículo:

Algunos orígenes remotos, especialmente los del turrón y el mazapán, tienen distintas interpretaciones históricas. Por eso hemos distinguido entre los antecedentes de las recetas y las tradiciones documentadas posteriores. La información sobre nuestros productos se basa en las fichas del catálogo de La Flor de Rute.

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